En este diario de viajes compartiré algunas de mis vivencias sobre los diferentes lugares en los que he vivido: Madrid, Londres, Montevideo, Harbin y ahora Moscú. Cuando hable de alguien no pondré su nombre, si alguna vez patino confío en que me disculpéis. En la medida de lo posible y de que me apetezca, trataré de que el título o algunas palabras de cada entrada estén relacionados con diversos aspectos musicales y contengan enlaces para que podáis escuchar canciones. Espero que os entretenga.

Golpe en la Pequeña China

Después de dos años sin actualizar mi blog de viajes, esta es una primera toma de contacto para anunciar mi nuevo destino a las personas que me han perdido la pista en los últimos tiempos, como consecuencia de algunos problemas informáticos y de que no he estado demasiado comunicativo en general.

Como reza el nombre español de la maravillosa película ochentera que da título a esta nueva entrada y que me cautivó cuando era pequeño, desde hace justo un mes estoy viviendo en Harbin, la capital y ciudad más importante de la provincia china de Heilongjiang.

Encontré este trabajo gracias a una antigua alumna a la que enseñaba español en Montevideo. El pasado sábado 5 de julio me arrojó el periódico en el que aparecía la oferta laboral y me preguntó "¿querés aventura?". ¡Y vaya si la estoy teniendo!

Ya escribiré más detalles sobre ese asunto y otras historias sobre mi reciente y siempre presente periplo en Uruguay, no creáis que se me ha olvidado. Hasta entonces, ¡disfrutad del fin de semana!

La vida es puro teatro

Hace pocos meses, Quien Todo lo Opina me dijo que la persona que empieza a hacer teatro pasados los 30 es porque le falla algo en la cabeza. Puede que tenga razón, pero para mí era tarde porque ya había experimentado mi bautismo teatral... con 32 y en inglés.

La función consistió en leer un guión a la manera de las antiguas novelas radiofónicas delante de una veintena de personas, muchas de ellas amigas, que se congregaron en uno de los locales de la ONG con la que colaboré durante mi estancia londinense.

Mis compañeros y yo representamos el episodio de una serie escrita por el gerente de la tienda, un actor que adora el mundo del espectáculo y logró que todo fuera sobre ruedas tanto en los ensayos como durante las dos funciones, viernes y sábado.

El estilo de la obra era una especie de vodevil británico, una comedia de enredo con muchos juegos de palabras, alguno de trazo grueso. La historia estaba basada en ciertos personajes reales exagerados hasta el absurdo.

Mi actuación no resultó tan complicada porque hacía de marica italiano y tenía que exagerar mi mala pronunciación. De hecho, el guión basaba varios de los golpes de humor en ello, como cuando figuraba que me marchaba a casa y decía "I'm going hom-o".

Las únicas quejas vinieron por parte de italianos, quienes me preguntaron por qué acabé todas las frases con -o. Les respondí que los británicos pensaban que así se caricaturizaba su modo de hablar. Eso no les hizo tanta gracia.

El responsable de mi vestuario se lució.

MIA

No me refiero a la artista británica de origen tamil que puso música a la BSO de la película sobre el indio que ganó millones en un concurso televisivo, sino al acrónimo anglosajón que en español traducimos como "desaparecido en combate".

Varios pensaréis que podría ser uno de mis múltiples apelativos porque llevo muchas semanas sin dar señales de vida. Los menos sabéis algunos de los motivos, que os podré contar en vivo porque he dejado de ser un hijo de la Gran Bretaña.


Aprovecho para agradeceros las más de 5.000 visitas para leerme y quisiera que esta noticia aumentara la cifra. A partir de ahora, escribiré sobre experiencias que tuvieron lugar cuando residía en la isla, sucedieran allí o no.

No soy de aquí

Redescubrí esta canción hace algunos veranos regresando de la playa en el coche de mis padres. Con ellos tuve el placer de asistir a una actuación de este gran artista hispanoargentino. El pobre está muy achacoso y a mis progenitores les dio mucha pena.

Llevo varios meses pensando en ella porque su estribillo refleja un poco cómo me siento. No soy británico ni de la capi, ya tengo una edad y mi porvenir es incierto, pero ser feliz también es mi color de identidad. En ello estamos.

Brinco, salto y corro

Hoy hace cinco años que me operaron de una rotura total del ligamento cruzado anterior de mi rodilla izquierda. A los tiernos 17 ya me arreglaron el menisco externo de la rodilla derecha. En ambos casos por dar patadas a un balón vestido de corto. En ninguno marcando el gol decisivo en una final.

Durante mi convalecencia me replanteé muchas cosas. Desde entonces, he tratado de no parar, porque sé lo que es estar encerrado en casa sin poder hacer todo lo que deseas. He ganado campeonatos de fútbol-sala, he esquiado, he acudido a decenas de conciertos, he visitado muchos lugares... y lo que me queda.

Con cicatrices así no necesito tatuajes.

La mosca


Esta puñetera mosca está en mi cuarto desde ayer. Ni se marcha ni consigo cazarla. Me ha despertado varias veces durante la noche y me sigue fastidiando la mañana. Pensaba que en esta isla no sufriría la misma suerte que mis sobrinos en el campo...

Hace un año

Hoy hago un año aquí. Antes de venir me aconsejaron que mirara la llama de una vela, pero no da mucha luz... igual es que no lo entendí bien. A pesar de ello, pediré un deseo. ¿Y que cumpla muchos más? Eso, seguro. ¿Dónde? ¡Ahhh...!


Fuera de lugar

Tras más de dos semanas en la capi estoy como el cantante que compuso la canción del título, con cuyo primer concierto acústico grabado me abrasaba la oreja uno de mis hermanos.

¡Resulta tan frustrante sentirse así, tanto en mi ciudad de adopción como en lo que siempre ha sido "mi casa"! Extraño en mi propio hogar, sin saber muy bien qué hacer al respecto.

Y eso que mis circunstancias han cambiado para mejor, con un trabajo que nunca había hecho hasta el momento pero que me motiva, ya que me permite tratar con gente nueva.

He tratado este tema varias veces con distintos amigos. El asunto está en cómo asumes las circunstancias, que muchas veces son las mismas pero te afectan de manera diferente.

En breve cumpliré la misma edad del crucificado más famoso y, cuando la gente me pregunta qué haré en verano, les respondo que ni siquiera sé dónde me encontraré el mes que viene.

Mi primer concierto de rock

Una compañera del curso de inglés me propuso asistir con su novio y colegas a ver al grupo del que luego me enteré es el actual marido de la modelo británica que, en su día, estuvo saliendo con otro músico más bandarra del que soy coetáneo.

Sin embargo, con la entrada ya comprada me comunicó que recibía una visita familiar y no podía venir, así que acudí por mi cuenta. No era el estreno que deseaba, pero ya estaba pagado y no pude revender en la puerta.

El evento tuvo lugar en una de las academias con nombre de elemento químico que tenía muchas ganas de conocer. El recinto me encantó y me sorprendió su público tan diverso, desde sexagenarios hasta una punka tatuada con la odiosa gata del lazo.

Los primeros teloneros tocaban música oscura que no me enganchó, mientras que el segundo era un soporífero cantautor armado con su guitarra acústica y "pinta de Jesús que vuelve", como me espetaba mi madre cuando (yo) gastaba greñas y barba.

Finalmente salió el grupo principal, del cual sólo había escuchado su último disco para no llegar de nuevas. Empezaron mal, sin siquiera asomar la gaita, cuando pusieron un telón de fondo con estampado de leopardo, que antes era choni y ahora está de moda.

Luego mejoraron, con cuatro tíos tocando los bombos ―dos a cada lado del escenario―, aunque fastidiaron una de las canciones que más me gusta. Guitarras setenteras, melodías simples, mutis a los 50 minutos y bis hasta los 90. Más que entretenido.

Pincha el enlace para ver el previo entre bambalinas.

Lo mejor fue que conocí a una pareja encantadora y, al terminar, nos fuimos a tomar unos algos. Él hablaba algo de español, ella sé enganchó un pedo digno de británica. Quedaron en ponerse en contacto conmigo otro día, aún les estoy esperando.

Videojuegos

Como a muchas personas de mi generación, desde pequeño me fascinan los videojuegos. Es probable que buena culpa de ello la tengan mis abuelos maternos que, siendo yo bien pequeño, trajeron de las Islas Afortunadas una de las primeras consolas, que hizo las delicias de mi familia y algún que otro vecino.

También gracias a ellos, mi infancia estuvo trufada de las maquinitas de la compañía japonesa que funcionaban con pila de botón. ¡La de veces que habré ayudado al gorila a sortear cocodrilos o al ratón más famoso del mundo a recoger huevos!

El necesario Load "" enter que te sumergía en mundos nuevos me pilló demasiado joven, con lo cual me limitaba a mirar cómo jugaba uno de mis hermanos y fantaseaba sobre cómo escapar de un campo de concentración o convertirme en un elfo, una valkiria, un mago o un guerrero para encontrar la salida.

A primeros de los 90 convencí a mis padres para que me compraran la primera consola portátil con cartuchos intercambiables, que exprimí a conciencia y supuso mi primer contacto con uno de mis héroes favoritos. Aún en mi tardía juventud atenuaba mis melopeas uniendo las píldoras que recetaba su personaje más famoso, reconvertido a doctor.

Posteriormente, en la capital irlandesa me quedé prendado de los salones recreativos y conocí lo que luego me enteré que era la primera parte del mejor juego de lucha de todos los tiempos: que levante la mano quien haya exclamado alguna vez "Hadoooken!" sin venir a cuento. También gané Copas de Europa con mi Atleti, soñando que algún día les vería obtener un título continental...

Ejemplo de salón recreativo actual, que visité recientemente.

Unos años después entré por la puerta grande de los ordenadores personales ganando uno de ellos en un concurso de televisión: existe un vídeo al respecto, pero nunca lo he visto. A partir de entonces busqué muchas minas, descubrí nuevas cilivizaciones y hasta gestioné equipos de fútbol gracias al saber hacer de un conocido periodista deportivo y sus hermanos.

A medida que me hice mayor las máquinas recreativas también evolucionaron, pero a peor, ya que aumentaron su dificultad y olvidaron la idea inicial de simple to learn, difficult to master, con lo cual para mí perdieron gran parte de su atractivo. De todos modos, cada vez que veo uno de estos lugares entro a cotillear, por si me encuentro con alguna reliquia que me motive.

Hace poco vi este juego de aviones y me eché una partidita.

He escrito esta larga introducción para intentar que, quien me lea, entienda la emoción que sentí hace unos meses al asistir con dos recientes amigos a un concierto de la London Philharmonic Orchestra, que interpretó la banda sonora de alguno de los grandes éxitos de la banda sonora de mi vida lúdica.

Programa del evento.

¡Música y videojuegos combinados! ¡Y en el Royal Festival Hall! A todos los asistentes se nos pusieron los pelos como escarpias, en especial con los temas de mi compositor nipón favorito, admiración que comparte un reconocidísimo bajista zurdo con el que no sólo quisiera tener esto en común. En definitiva, otra experiencia inolvidable que me llevaré de esta isla.

Pincha aquí para escuchar un tema que te levantará del asiento.

Señores, yo soy del Atleti

Gracias a uno de los usuarios más activos de redes sociales, antiguo nadador y atlético de pro, hoy he vuelto a ver el vídeo con el resumen de la remontada al Barcelona del Dream Team de la temporada 93-94. Ese partido lo viví en el fondo sur del Calderón, en cuya portería se marcaron todos los goles del 4-3 definitivo, y es uno de los que más disfruté jamás por motivos obvios.

Tras marcharnos al descanso perdiendo 0-3 por culpa de un hat trick de un brasileño bajito terror de defensas, en la segunda parte salimos a morder y nos llevamos el encuentro, culminando la remontada con un gol del ahora director deportivo y a pesar de tener un jugador menos. He gritado como entonces, se me han puesto los pelos como escarpias y así se lo he hecho saber.

Aunque a algunas personas les pueda parecer frívolo, uno de los placeres que más echo de menos es acudir al estadio para animar a mi equipo. De hecho, me dio mucha pena que uno de mis hermanos tuviera que recoger en mi nombre el reconocimiento por ser socio abonado durante 25 años seguidos. Sin embargo, en su día sí pude disfrutar con orgullo cuando mi padre recibió la insignia de oro por sus más de 50 años ¡y subiendo!


Son muchas grandes vivencias, siempre rodeado de integrantes de mi familia y, a veces, de buenos amigos. Aún recuerdo las deliciosas paellas regadas con gaseosa (aún no estaba en edad de ingerir alcohol) en casa de mi difunta abuela paterna y la larga caminata de peregrinación hasta el templo, las pipas, los cánticos, los goles, las tortillas de patata que preparaba y con las que celebrábamos las victorias o enjugábamos nuestras lágrimas...

Ahora trato de seguir todos los partidos que puedo por streaming, pero no es lo mismo porque no percibo el ambiente que los rodea. Hace pocas semanas encontré una peña atlética en la ciudad, lo malo es que se reúnen en un local que me pilla un poco a trasmano. Respecto al equipo, una temporada más su juego deja bastante que desear, aunque parece que con el nuevo entrenador argentino le ponen más ganas. De todos modos, el problema es de fondo y se encuentra en los despachos.

¿Usted no nada nada?

Uno de los objetivos de mi estancia en Londres era cambiar algunas de mis costumbres. Entre mis estrecheces económicas, que no conozco a tanta gente aquí y que me lo paso mejor en España, como ya escribí en otra ocasión, comencé a vivir más los días que las noches.

Así, para ocupar las horas y mantenerme activo decidí apuntarme a un centro de deportes cerca de mi casa. El edificio, de ladrillo visto y completamente modernizado, solía albergar los baños públicos del barrio.

El edificio está completamente rehabilitado.

Lo primero que me llamó la atención es que se encuentra en una calle que se llama igual que una de las que solía atravesar en la capital irlandesa. ¿Una señal para invitarme a entrar?

¡Cuántos buenos recuerdos!

Me decidí, me enseñaron las instalaciones, me convencieron y me apunté. En función de mis preferencias un monitor me puso una tabla de ejercicios para realizar en el gimnasio, pero pronto comprobé que me entretiene mucho más nadar en la piscina, tras lustros sin frecuentarla.

Un día me propusieron participar en el intento para lograr un récord Guinness y no lo dudé. La prueba consistía en reunir a más de 300 personas flotando en plan boya sin apoyos y dando patadas para no hundirse, como los jugadores de waterpolo.

Participaron personas de todas las edades.

Los resultados llegaron al cabo de los días, pregunté... y no tuvimos éxito porque no reunimos a las personas necesarias. En fin, lo importante fue participar y "crear comunidad", algo de lo que gustan mucho por estos lares y ojalá hiciéramos más.

Lo importante es participar.

Amigos y Wembley

Tras sufrir diferentes problemas de comunicación, mis amigos y yo nos reunimos en uno de los principales intercambiadores de transporte y nos dirigimos a su hotel. Varios malentendidos con el taxista y el recepcionista generaron las primeras anécdotas, bastante cabreantes por lo cansados que estábamos.

Gracias a los contactos de nuestro marsupial teníamos entradas para ver en directo el partido amistoso de fútbol entre Inglaterra y España. Se trataba de su segunda incursión en el estadio británico más universal en menos de seis meses y esta vez, al contrario que el pasado mes de mayo, no iba a dejarle escapar. Comida, pintas para calentar y metro hacia el estadio.

Peregrinando hacia el templo.

87.189 espectadores vivimos una primera parte entretenida y una segunda más tediosa. Por mi parte, en función de a lo que estoy acostumbrado en la ribera del Manzanares me decepcionó la falta de cánticos para animar a la Selección Española, salvo el cutre tarareo del himno nacional o el estribillo de algún clásico patrio.

Sin duda, el momento de la velada lo protagonizó un espectador de nuestro sector que, en un momento de tedio, se puso en pie y gritó a la manera del líder espartano más conocido "Ingleses, esto es ¡Españaaa!". Su intervención provocó muchas carcajadas, más teniendo en cuenta su poco amenazador aspecto.

Para no faltar a la costumbre familiar ni decepcionar a mis cuñadas, durante el descanso me encontré por los pasillos no con una, sino con dos personas a las que hacía en la piel de toro. Uno estaba de visita y el otro, con sudadera rojiblanca y que me regaló una bufanda del evento, había regresado a la isla en la que nació.

Bufanda conmemorativa del evento.

Perdimos otro amistoso, pero lo pasamos bien. Para mitigar la decepción no tuvimos más remedio que pegarnos un homenaje culinario oriental y tomarnos unas consumiciones, aunque el cansancio hizo estragos y este hecho, unido a la diferencia de horarios, nos retiramos antes de lo que solemos.

Domingo cultural hasta que encontramos un pub... canadiense. Comida, charla para arreglar el mundo, Covent Garden, café y paseo por el Soho y alrededores hasta echar el ancla en otro local. Besos, abrazos, parabienes, ellos al sur y yo a Camden. Agradecido y emocionado, solamente puedo decir "¡Gracias por veniiir!".

¿Dónde estabas tú?

Sé que se trata de una pregunta muy manida por programas nostálgicos y recopilatorios de canciones de antaño, pero en esta ocasión la traigo a colación porque, a pesar de que me fastidió perderme el cumpleaños de mi osteópata epistolar, tuve el honor de acudir a la boda de una de mis grandes amigas italianas.

Aunque sólo nos conocimos durante medio curso universitario que vino a estudiar a Madrid, como nos caímos muy bien mantuvimos un contacto medianamente constante a lo largo de los años. Un tiempo después ella me ayudó cuando atravesé una de mis épocas complicadas y al año siguiente yo hice lo propio, vivencias conjuntas que nos unieron más aún.

Sabía que convivía felizmente con uno de sus compatriotas, que casualmente es mi tocayo, pero a primeros de septiembre me sorprendió al anunciarme que se casaban el 11-11-11 a las 11:11, un momento imposible tanto de olvidar como de repetir. Sin embargo, me dejó realmente patidifuso cuando me pidió que fuera uno de los dos únicos testigos de la boda: il testimone!

El cielo italiano estuvo agradablemente despejado todos los días.

Ese mismo fin de semana tenía previsto ejercer de anfitrión con dos de mis más allegados, con lo cual tuve que hacer encaje de bolillos para estar en todas las salsas. De este modo, el miércoles la aerolínea de la lira me trasladó hasta la localidad umbra en la que residen para disfrutar de los momentos previos al enlace y someterme a una auténtica inmersión lingüística nativa.

El primer día me presentaron a sus padres, una pareja encantadora, además de al afortunado. Entre otras cosas, volví a recorrer algunos de los rincones de la ciudad y asistí a una representación teatral, un monólogo espectacular de la novia. A pesar de ser en italiano me enteré de casi todo... y me emocionó comprobar lo estupendísima actriz que es. Dove stai, capitanooo?

Una de las muchas críticas favorables que cosechó.

Al día siguiente me reencontré con sus antiguas compañeras de piso, me presentaron al resto de su familia y formé parte del típico exilio que realiza el novio la noche previa al enlace. Me enseñó el pueblo en el que estudió, tuvimos ocasión de conocernos mejor y nos pegamos un buen homenaje gastronómico para celebrarlo. Tras realizar algunos preparativos del evento dormimos en casa de sus padres, una pareja entrañable.

¡Llegó el día! Mientras nos vestíamos aparecieron sus amigos y le acribillaron a fotos. Nos trasladamos a la pequeña localidad en la que se ofició la ceremonia y todos me acogieron de manera maravillosa. La verdad es que fue perfecto y, según me han comentado, sono rimasto nel cuore di tutti, ¡y ellos en el mio! Entre eso y que me olvidé el pijama tendré que regresar.

El ramo de novia estuvo compuesto de rosas y peperoncini, ¡precioso!

Por culpa de mi horario apretado me tuve que marchar antes de tiempo. Besos, abrazos y parabienes de despedida, taxi, tren a La Ciudad Eterna y encuentro fugaz con mi antigua vecchia vicina. Sorprendentemente, la carretera estaba expedita y llegamos al aeropuerto sin apuros. Me quité el traje, malcomí un bocadillo, dormí algo en el avión y aterricé a tiempo para recibir a uno de los padres más cariñosos que conozco y a El Koala Negro.

Televisión

Una buena manera de aprender inglés y conocer la cultura local es ver la televisión. Cuando aún no disponía de cubil propio me emocioné al visionar un documental sobre una de las viejas glorias de los diablos rojos y me reí con un concurso sobre músicos y canciones.

A los ingleses les siguen encantando los juegos de palabras.

Ya instalado, siempre que puedo veo el informativo de las 22:00 con mi casero en "la nacional", como se suele decir en mi casa. Muchas veces quisiera comentar algunas de las noticias, pero como el pobre está muy sordo casi siempre me quedo con las ganas.

Al terminar, algunos lunes alargo mi convivencia con un concurso con temática deportiva que me entretiene mucho. El juego consiste en dos equipos capitaneados siempre por las mismas dos personas y cuyos invitados, deportistas en activo o ya retirados, responden a diferentes preguntas a través de diversas pruebas. A pesar de que muchas de las cuestiones son de ámbito británico y no estoy tan al tanto como desearía me lo paso muy bien porque los habituales y los invitados suelen ser realmente graciosos.

Los jueves me pongo más serio cuando echan un programa de debate sobre diversos temas de actualidad política y social. El presentador es un veterano e incisivo periodista que sabe sacar el jugo tanto a los invitados como al público, cuya participación resulta indispensable para el buen funcionamiento del programa.

Lo normal es que acuda un integrante destacado de cada partido político, un representante de los medios de comunicación y alguien relevante desde el punto de vista cultural. Ya he visto sufrir a muchos ministros y exponer sus opiniones a miembros de la farándula nativa, desde el actor que se encasilló en el papel de guapo atolondrado hasta el cantautor con tupé al que homenajeó uno de mis ídolos musicales, que calza un peinado similar.

Antes de comenzar a grabar ensayamos para que todo saliera bien.

Este programa tiene mi edad y cada vez se celebra en una localización diferente. Se graba en falso directo el mismo día dos horas antes de su emisión y no se edita, al contrario de lo que pensaba. Así, se ve directamente lo que se rueda de una tacada y todo el dinamismo que muestra es en tiempo real.

Cuando me enteré de que una edición iba a tener lugar en Londres me apunté a través de su página web, me llamaron y acudí. En aquélla ocasión se grabó en una biblioteca espectacular con forma de octógono sita en una de las universidades de la zona este.

La primera parte se centró en que el padrino de boda y gran amigo del ya dimitido (sí, aquí conocen el término) ministro de Defensa aprovechó su relación para presentarse como asesor político ante diferentes autoridades extranjeras y se pegó decenas de viajes por todo el mundo, que aún está por saber si corrieron a cargo del contribuyente. Aún está por averiguar si la joyita manejó información que afectase a la seguridad nacional.

Posteriormente, vino el debate sobre qué sucederá con la Seguridad Social de aquí; de hecho, antes de comenzar un grupo de manifestantes protestó contra una posible privatización, rumor que el ministro de Sanidad, allí presente, negó de manera categórica... aunque pocos le creyeron y muchos le abuchearon.

Para los que sintáis curiosidad pero no queráis ver el programa entero, aparecí a la izquierda entre los minutos 13:23 y 13:28 y un instante en el mismo lugar entre 17:09 y 17:10; pero más de cerca entre 19:35 y 19:37, entre 21:40 y 21:47 y entre 21:56 y 22:00: incluyo una imagen que lo confirma.

El acontecimiento requería una camisa.

Jota

Sé que me autoimpuse la regla de no mencionar directamente a las personas que reflejara en mis historias, pero como el protagonista de esta entrada soy yo y no mento a nadie que no lo desee, pues me la salto. ¡Si hasta hago trampas cuando juego al solitario!

Por experiencias previas en el extranjero ya estaba al tanto sobre el hecho de que pocos no hispanohablantes saben pronunciar la jota a la española. Lo más común es que digan mi nombre como one (uno) y en los periódicos británicos abundan los ejemplos sobre ello cuando escriben sobre alguno de mis tocayos.

Ojo al doble juego de palabras con el nombre y el origen hispano del jugador.

Así las cosas, antes de comenzar mi aventura inglesa sopesé que me llamaran Tama, uno de los diminutivos de mi apellido y por el cual me conoce mucha gente. Finalmente, deseché la idea y sólo lo empleé para crearme una nueva identidad virtual.

Sin embargo, en una pirada de olla donosil escribí algunos ripios para reivindicar el sonido tan característico de ese fonema fricativo velar sordo para mí tan querido. Tras un paso por chapa y pintura, aquí van.


Me conocen como Tama, pero a algunos las corrijo
y les pido que me menten como el cura me bendijo
y mis padres decidieron cuando sólo era un canijo.
Juan, ese es mi nombre, ¡fijo!,
en buen román paladino y con jota bien marcada.
Porque aunque todos mis motes den resultado prolijo
en función de cómo se usen a veces me da una arcada.

Muchos jambos abanderan parte de esta gran cruzada,
reconocer el fonema que tanto abunda en España.
Jesús, José, los Janeiro, la Juani, la Jaca Paca,
Los J, el de Los Planetas y el guitarra de una banda
rapera y rockanrolera que descerraja con saña.
Sus rimas irreverentes nunca tiran de navaja.
Denuncian males ajenos y yo me parto la caja.

Pero ya en el extranjero te vuelves medio majara
cuando escuchas que te llaman de un modo que no te encaja.
El yuan es moneda china y one era uno en Irlanda.
¿Tan difícil les resulta pronunciar como Dios manda?
¿Acaso es tan complicada la palabreja de marras?
Es como echar un gargajo en la jeta de un baranda
previo paso por el cuello, la laringe y la garganta.

Juan es término bonito y su dueño es una alhaja,
en los saberes prolijo, gran conversador de barra
fija de bar o garito, ya en un pub o en una tasca.
Me enfurruño, despotrico, me quejo de esta morralla.
Gimo un poco, les exijo, ¡no cejaré hasta enmendalla!
No importa cómo me llamen, con cuajo no pasa nada,
mientras sea con cariño y no se expresen con saña.


Sólo espero que al leernos a mi hermano y a mí no os hayan venido a la cabeza los siguientes versos que El Manco de Lepanto escribió en su Viaje del Parnaso:


¡Oh falsos y malditos trovadores,
que pasáis plaza de poetas sabios
siendo la hez de los que son peores [...]!

Marcha

Desde que estoy en Londres no he salido mucho de marcha, tanto por no conocer aún a demasiada gente como de manera voluntaria, ya que en ese sentido aproveché con creces los últimos meses años en Madrid acumulando hat tricks J-V-S... y algún domingo latinero que otro.

Lo bueno es que casi cada vez que lo he hecho he visitado zonas distintas, con lo cual tengo una idea aproximada de lo que es la farra de esta ciudad. Incluso he visitado una de las catedrales del trance, lugar del cual me esperaba mucho más y del que me gustó una de sus salas pequeñas: allí pinchaban verdadera zapaTiga, como bautizamos a ese tipo de música durante la última edición de nuestro ineludible festival murciano.

El día que mejor me lo pasé fue al poco de llegar aquí, cuando un amigo y yo nos hicimos colegas de una española y varios italianos. Bailamos, cantamos, reímos, intercambiamos teléfonos para repetir la experiencia... y hasta ahora, a pesar de mis intentos. Todavía me resulta curioso cómo la gente que lleva varios años viviendo en suelo británico pero no es de aquí adquiere esa actitud de desapego autóctona, aunque quizá sea yo el idealista en ese sentido, who knows?

Es muy probable que mi perspectiva esté condicionada por el hecho de que no pueda compartir momentazos con muchos de mis grandes amigos del alma y mi bolsillo no esté para muchas alegrías -ya que sólo voy a pintas y todavía no me he tomado ningún chupito-, pero que queréis que os diga, me lo paso mejor en Madrid.

Como dice mi padre, siempre con una tía en una mano y una copa en la otra.

I predict a riot

Llevo varios días queriendo escribir algo sobre los recientes disturbios británicos. Todo comenzó con la muerte a manos de un agente de un señor, supuestamente armado. Para unos era un padre ejemplar, mientras que otros destacaban que era sospechoso de liderar una banda de delincuentes. La familia del fallecido fue a pedir explicaciones a la comisaría de turno, parece ser que una chica recibió unos palos de los defensores de la ley... y se armó el lío, primero en Londres y luego en otras ciudades.

Londres, ciudad sin ley.

Por todo lo que he visto, oído y leído, tanto en los medios de comunicación como entre mis amigos, cada uno analiza el asunto como le interesa, desde que todo es fruto de que los blancos se han comportado como negros en lo que se refiere a la cultura nihilista y los hábitos "gangsterianos" -según rebuznó en la televisión pública uno que se hace llamar historiador- hasta que los gobiernos conservadores son los culpables de todos los males, error que corrige un periodista del periódico global en español al mismo tiempo que ilumina a la gente sobre uno de los discos más influyentes de todos los tiempos, cuya portada hecha cartel adornaba mi salón. Incluso un británico considera que la sociedad española es mejor que la británica. ¿Será verdad?

¡No salgas esta noche!

Podemos aducir que la policía no se comportó de la mejor manera ni al principio ni cuando se vio desbordada por los acontecimientos, que no estuvo lo suficientemente expeditiva, que la sociedad es la culpable... Sin embargo, la gente no debe aprovechar la coyuntura para saquear y destruir sin decoro. ¿O es que acaso alguien piensa que les movía otro motivo? No había ni ideas, ni pancartas, ni propuestas: simple afán destructivo, como dice mi madre. En definitiva, considero que estos actos no tienen ninguna justificación y no puedo estar más de acuerdo con esta portada.

Los copiotas cretinos, traducción libre.

Yes, I do

Hace unas semanas comencé un curso de inglés gratuito que me recomendaron. A pesar de ser una franquicia y de que tengo una sucursal al lado de mi casa me toca ir a otra sede que se encuentra a 45 minutos en metro, porque la primera está cerrada de manera definitiva, aunque como conserva el cartel en la entrada me costó tres visitas averiguarlo. A mis hermanos igual les resultará curioso saber que el edificio huele como la escuela dublinesa en donde pasamos algunos agostos, ¿por qué será?


Tras realizar una prueba me ubicaron en un nivel a cuyo primer día no pude acudir, ya que me encontraba en España. Como tenía previsto el viaje les avisé sobre está circunstancia, no me pusieron ningún problema y me emplazaron a que me incorporara a mi regreso. Sin embargo, de vuelta en Londres me personé y me indicaron que había perdido el turno por no haber estado en la presentación, ya que no podían reservar plazas. My joy in a well!

Traducción para los no iniciados en spanglish.









Las situaciones en las que me aseguran algo que luego no cumplen me enervan bastante y me cuesta disimularlo. Después de tratar el asunto durante varios minutos la única solución que me ofrecieron fue que volviera dos días después por si algún alumno había renunciado y podía ocupar su lugar; en caso contrario, tendría que esperar un mes hasta la siguiente hornada.

Este cambio involuntario en mis planes se juntó con la supuesta depresión posviaje y un día oscuro y lluvioso y, entre todos, provocaron que me diera el mayor bajón anímico desde que me encuentro en suelo británico, aunque mis amigos de aquí, incluso los más estabilizados, ya me habían advertido que tendría vaivenes emocionales. Al final todo se arregló: volví, sonó la flauta y comencé las clases. El sol no ha vuelto a brillar mucho, pero parece ser que los veranos británicos son así.

Mis compañeros proceden de lugares tan diversos como Etiopía, Letonia, Italia, Hungría, Polonia o la isla de Guadalupe, con lo cual en el aula reina un buen ambiente multicultural. Al principio tuvimos un profesor sustituto, un treintañero de típico aspecto inglés, de los que se nota que son tímidos pero que nos daba mucha bola. Posteriormente, se incorporó la profesora titular, una española que ha vivido más tiempo aquí que allí. Su manera de enseñar se enfoca a que aprobemos el examen final y eso provoca que las lecciones resulten más tediosas y que mis compañeros estén menos contentos. No estoy derretido por ella, como les sucedía a Los Ramones de Algete que interpretan la canción del título, pero cada vez que quiere un voluntario sigo contestando "Yes, I do".